Neurociencia y Educación

Publicado el: 17 Mayo, 2016 En: Columnas de Opinión
Neurociencia y Educación

Por: Dra. Mabel Urrutia. Profesora de Castellano, Magíster en Lingüística, Doctora en Psicología, Doctora en Lingüística.

Aprovechamos el contexto de celebración de la semana del Libro, que debiera perdurar durante todo el año, para hablar sobre lectura. Leer es una actividad importante, sino esencial, que consiste básicamente en transformar signos gráficos en significados a través de procesos cognitivos complejos. Desde la literatura podemos decir que: “Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida”, según el escritor británico Maugham.

La lectura cambia nuestro cerebro y lo hace de tal forma que provoca alteraciones estructurales importantes y contribuye a la plasticidad cerebral. Un cerebro alfabetizado no es el mismo que un cerebro analfabeto, pero ¿qué pasa con el analfabetismo funcional en el que se encuentran inmersos los estudiantes de nuestro país? De acuerdo con un estudio del año 2013 del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, un 44% de la población en Chile se encuentra en una situación de analfabetismo funcional en textos, 42% en documentos y 51% en el área cuantitativa, cifras alarmantes que se unen a otras que hemos recibido los profesores estos días, provenientes de la OCDE. Así, titulares del diario La Tercera como “Chile es el país de peor desempeño en educación en la Ocde” nos caen como dardos que apuntan justo a nuestra tan cuestionada vocación. De acuerdo con el informe de Unicef, el 25% de los alumnos de 15 años no puede resolver ejercicios básicos de lectura, matemáticas y ciencias. Otro dardo envenenado que parece llevar al profesor a la palestra o a un escenario con un tablero lleno de dardos de circo. Sin embargo, el mismo estudio de la OCDE revela que los profesores chilenos pasan 27 horas de clases en aula, frente a las 15 de otros países como Noruega. También es justo para los profesores hacer este tipo de comparaciones.

¿Pero dónde está el problema? ¿Qué pasa en el aula con la lectura? Lecturas obligatorias, descontextualizadas, asociadas a evaluaciones cuantitativas y descriptivas, más que en la lectura crítica y de resolución de problemas; lectura solitaria, asociada a una sola asignatura, falta de diálogos sobre los libros que leen. Todas estas prácticas y otras matan la motivación intrínseca. Los estudiantes se sienten más motivados cuando ellos tienen la oportunidad de elegir sus propios libros, cuando leen libros que reflejan y afirman su identidad cultural y cuando se comprometen en interacciones sociales significativas para ellos: por ejemplo el teatro, el club de lectura, proyectos de lectura conjunta, visita de escritores al establecimiento educacional, visitas a editoriales y librerías, entre otros.

La Neurociencia tiene mucho que aportar a la educación. Como dice Martín-Loeches (2015), “una formación amplia, profunda y suficiente en neurociencia, junto con la realización de prácticas reales y cuantiosas de enseñanza en las escuelas”, podría formar a lo que yo llamo “un profesor moderno”, un Neurocientista Cognitivo capaz de nutrirse de las evidencias empíricas de la Neurociencia y poder aplicarlas en el mejoramiento de sus prácticas docentes gracias a un currículum flexible. “Ya no hace falta esperar más”, dice Martín-Loeches. “Ya hemos llegado al punto crítico” (Zadina, 2015).

En seminarios anteriores, organizados por el grupo de Neurociencia Cognitiva y Educación, hemos develado los neuromitos en torno a la educación, hemos visto las bases neuronales de la lectura, los correlatos neurofisiológicos de las matemáticas y las bases de la cognición social.  Además, hemos organizado mesas redondas con la participación de diferentes actores de la educación (representantes del Mineduc, profesores en ejercicio, estudiantes de pedagogía y neurocientistas), en una mesa triestamental para reflexionar sobre ¿cómo incluir la neurociencia en el currículum?, y contar la experiencia de la Facultad de Educación en la Universidad de Concepción.

Contamos, además, con la convocatoria a un Diploma de Neurociencia Aplicada a la Educación, con plazas disponibles para los interesados en inscribirse. Debido a que existen pocas posibilidades de encontrar un curso de 120 horas pedagógicas, que está diseñado desde las bases de la Neurociencia Cognitiva y con aplicación al aula, invitamos a los profesores a matricularse para transferir las evidencias empíricas de la Neurociencia al aula, con metodología actualizada y pertinente a los nuevos tiempos que enfrentamos en Educación.